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Guante de Oro

Apuntes para el Clásico Mundial de 2017

Venezuela no pudo celebrar en Puerto Rico | AFP

Venezuela no pudo celebrar en Puerto Rico | AFP

Una sequía ofensiva de dos encuentros puede encerrar pocas lecciones, pero el torneo sí dejó experiencias para aprender

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Algunos apuntes sobre el clamoroso fracaso de Venezuela en el Clásico Mundial y la edición de 2017.

 No hubo bateo. ¿Se podía prever? No.

 Ni siquiera se puede hablar de un slump colectivo. No hay slump de dos juegos. Al final, porque la selección nacional castigó a España, el OPS colectivo fue de .808 puntos. Hubo dos días malos, fatalmente malos en una competencia tan corta.

 Puede argumentarse sobre cómo hacer el lineup y colocar a Miguel Cabrera de tercero, pero cosas así no pasan de ser una evaluación desde la tribuna, fácil de ver después, no de prever.

 Igual sucede con el argumento de dejar fuera algunos bates que hubieran podido ayudar desde la banca, especialmente cuando hacía falta un rally contra Puerto Rico. Héctor Sánchez, Grégor Blanco, Franklin Gutiérrez, Víctor Martínez hicieron falta, pero ¿quiénes realmente podían, con tantos problemas físicos y deserciones voluntarias?

 

En 2006 tampoco se bateó. En 2009 sí. Así es este deporte.

 

No hubo pitcheo. Venezuela terminó con la antepenúltima efectividad colectiva de la cita. ¿Podía evitarse? Sí.

 

Resultó materialmente imposible contar con Félix Hernández, Johan Santana y Franklin Morales, que han visto demorada su preparación en el spring training por problemas físicos. Pero faltaron Rafael Betancourt, Luis Avilán, Edward Mujica, Félix Doubront, Edgmer Escalona, Yusmeiro Petit, Eduardo Sánchez, Miguel Socolovich, Brayan Villarreal, por citar nueve grandeligas de 2012.

 

Algunos se negaron. Con otros no hubo insistencia. Al final, quedó probado que hacía falta contar con la mayor cantidad de brazos de primera línea.

 

Si bien hubo suficientes bates para formar un lineup soñado (que no bateó, pero soñado), hay que buscar el modo de que el talento monticular tenga la misma representación en la Vinotinto de 2017.

 

No hubo acercamiento a las organizaciones de grandes ligas.

 

Nadie en el cuerpo técnico ni en el comité organizador hizo lo que Joe Torre y Greg Maddux hicieron para Estados Unidos antes del spring training: contactar a los equipos, para adecuar el calendario de los serpentineros en los entrenamientos primaverales a fin de que se prepararan para llegar listos al día y contra el rival deseado por Venezuela.

 Si esos contactos se hubieran dado y se hubiera creado un nexo fluido y cordial, de mutuo interés y confianza, se hubiera podido planificar y hacer las cosas como se quería, no como se podía.

 Que Detroit se negara a que Aníbal Sánchez lanzara de nuevo el domingo tal vez no importó, porque ya la novena estaba eliminada, pero es una señal clara de la inexistencia del vínculo.

 La organización puede mejorar. Es necesario que el manager no tenga otra responsabilidad que la selección nacional, al menos a partir de octubre. Que pueda viajar para ver y hablar con los candidatos a integrar la divisa, como hace el seleccionador nacional de fútbol.

 No siempre funciona una convocatoria por teléfono o por los medios de comunicación. ¿Cuántos de los relevistas que faltaron se habrían dejado convencer, de mediar un café y el entusiasmo del seleccionador nacional?

 Hace falta alguien que piense y trabaje las 24 horas por la Vinotinto. Que estudie las condiciones.

 También hay que sumar dirigentes. Aprovechar la sabiduría de Andrés Reiner, por ejemplo, o esperar a ver qué es de Miguel Cairo dentro de cuatro años.

 Y la LVBP debe plantear a la MLB que la federación no puede seguir tomando decisiones. Ya el presidente de Fevebeisbol, Edwin Zerpa, ha descartado a Oswaldo Guillén, Alfredo Pedrique, Omar Vizquel y todos los ausentes en San Juan para el cargo de piloto. Otra ligereza inaceptable.

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