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10 Ago| Lector de paso - sagonzalez

Palabras para los grandes sueños humanos

Eleazar león murió el pasado viernes 07 de agosto, luego de batallar contra el cáncer. Nació en Caracas, en 1946. Fue profesor de la Escuela de Letras de la UCV. Estaba considerado como uno de los más importantes poetas de su generación. Escribió más de 15 libros de poesía, y otros tantos inéditos. Nuestra literatura está de luto

Samuel González

 


"Como una experiencia donde virtualmente se superan (presentan) las contradicciones y conflictos del vivir, así tal vez aparece la poesía para quien se inicia en su escritura", señaló el poeta en un trabajo que denominó "Una vocación" y en el que desarrolla el itinerario de su trabajo, en una autorreflexión densa, llevada a cabo con cuidadoso detalle. Poesía de la experiencia, experiencia de la poesía: tal vez todo el ejercicio de la palabra sea la construcción de un espacio mayor, en el que la realidad pueda ser algo más que ella misma, para la que se hace necesario "un poco de sueño porvenir".

 

Para quien haya seguido sus trabajos, sabe que la poesía de Eleazar León es una de las más vitales y sostenidas en el empeño vital, como si ella rescatara, luego del viaje a los infiernos o a la espesa oscuridad, las piedras que traen un nuevo sentido, el brillo por el peso de lo cierto, la verdad de lo hondamente palpable. En uno de sus textos dice: "Con los ramajes de mediodía la vida dice Sí, con los horrores de la muerte y rapiña, sin dignidad de águila, la vida dice No".  Y esta certidumbre, este tono de firmeza, pasa como un río callado por todos sus poemas, en los que asume los mil rostros de nadie y el único traje de todos.

Habría que remontarse hasta el año 1971 para vislumbrar el recorrido de una poesía que ahora cierra un ciclo. De aquella fecha, Eleazar León aparece en nuestra literatura con un gesto que podría calificarse de breve y tímido: Precipicio de pájaros es su primera publicación. De ella dirá: "allí ensayaba con firmeza ... la respiración de un verso que sugiriera simultáneamente las cavilaciones errabundas de índole existencial con las emociones de la inmediata experiencia". Los poemas "Marino", "Sonámbulos" y "Paso de sol" son, de esa muestra, los más recordados.

 

Luego vendría Por lo que tienes de ceniza, de 1974, poemario que circuló con agrado entre los lectores hasta bien entrada la década de los noventa cuando aún se conseguía entre libros de viejo y libreros de casta, y por el cual, hay que decirlo, empezó a gozar de cierta fama de buen poeta. Con él, consigue la ejecución de una palabra de mayor tensión, en la que los poemas estaban hechos de "una sola respiración", como llegó a decir. Con este libro, Eleazar León encuentra el tono central de todo lo que vendría. Así, Estación durable, Cruce de caminos y Palabras del actor en el café de noche son momentos señeros en su producción, en los que ha desarrollado su trabajo desde exploraciones disímiles, metafísicas, existenciales, incluso dramáticas, en las que la voz llena la carne de personajes fascinantes y terribles. Son libros escritos para "edificar un techo no contra la intemperie sino para entrar en amistad con ella".

 

Hasta allí llega un ciclo e inmediatamente se abre otro. Los libros escritos a partir de entonces cambian de tono, pero además Eleazar León incorpora la producción de poesía en prosa y, para asombro de muchos, aparece como un poeta dotado en el verso clásico, de rima y medida fija. Desde finales de la década de los ochenta hasta este año en que su vida decide apagarse, el poeta no dejó de entregar a sus lectores excelsos ejercicios de alta poesía, libros que se sucedían, uno mejor que el anterior y cada uno con su sorpresivo encanto. Reverencial aparece y casi al mismo tiempo que Cuartetas, dos ejemplos que pueden ilustrar muy de cerca sus capacidades como poeta de registro variado. En adelante Descampado y Papeles para un adiós terminan por confirmar el alcance de sus hallazgos, pero mucho de lo que fue capaz de dar todavía permanece inédito, marcado con apretada letra de alucinado, cuadernos en los que probó sus habilidades con el soneto, el zéjel, la copla, el haikú, las "rubayiats" que con tanto ardor fue construyendo... Todo eso espera por salir.

 

Con lo que nos deja el poeta, la vida parece querer comenzar de nuevo.
 
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