|
"Como una
experiencia donde virtualmente se superan (presentan) las contradicciones y
conflictos del vivir, asà tal vez aparece la poesÃa para quien se inicia en su
escritura", señaló el poeta en un trabajo que denominó "Una vocación" y en el
que desarrolla el itinerario de su trabajo, en una autorreflexión densa,
llevada a cabo con cuidadoso detalle. PoesÃa de la experiencia, experiencia de
la poesÃa: tal vez todo el ejercicio de la palabra sea la construcción de un
espacio mayor, en el que la realidad pueda ser algo más que ella misma, para la
que se hace necesario "un poco de sueño porvenir".
Para quien
haya seguido sus trabajos, sabe que la poesÃa de Eleazar León es una de las más
vitales y sostenidas en el empeño vital, como si ella rescatara, luego del
viaje a los infiernos o a la espesa oscuridad, las piedras que traen un nuevo
sentido, el brillo por el peso de lo cierto, la verdad de lo hondamente
palpable. En uno de sus textos dice: "Con los ramajes de mediodÃa la vida dice
SÃ, con los horrores de la muerte y rapiña, sin dignidad de águila, la vida
dice No". Y esta certidumbre, este tono
de firmeza, pasa como un rÃo callado por todos sus poemas, en los que asume los
mil rostros de nadie y el único traje de todos.
HabrÃa que
remontarse hasta el año 1971 para vislumbrar el recorrido de una poesÃa que
ahora cierra un ciclo. De aquella fecha, Eleazar León aparece en nuestra
literatura con un gesto que podrÃa calificarse de breve y tÃmido: Precipicio
de pájaros es su primera publicación. De ella dirá: "allà ensayaba con
firmeza ... la respiración de un verso que sugiriera simultáneamente las cavilaciones
errabundas de Ãndole existencial con las emociones de la inmediata
experiencia". Los poemas "Marino", "Sonámbulos" y "Paso de sol" son, de esa
muestra, los más recordados.
Luego
vendrÃa Por lo que tienes de ceniza, de 1974, poemario que circuló con
agrado entre los lectores hasta bien entrada la década de los noventa cuando
aún se conseguÃa entre libros de viejo y libreros de casta, y por el cual, hay
que decirlo, empezó a gozar de cierta fama de buen poeta. Con él, consigue la
ejecución de una palabra de mayor tensión, en la que los poemas estaban hechos
de "una sola respiración", como llegó a decir. Con este libro, Eleazar León
encuentra el tono central de todo lo que vendrÃa. AsÃ, Estación durable,
Cruce de caminos y Palabras del actor en el café de noche son
momentos señeros en su producción, en los que ha desarrollado su trabajo desde
exploraciones disÃmiles, metafÃsicas, existenciales, incluso dramáticas, en las
que la voz llena la carne de personajes fascinantes y terribles. Son libros
escritos para "edificar un techo no contra la intemperie sino para entrar en
amistad con ella".
Hasta allÃ
llega un ciclo e inmediatamente se abre otro. Los libros escritos a partir de
entonces cambian de tono, pero además Eleazar León incorpora la producción de
poesÃa en prosa y, para asombro de muchos, aparece como un poeta dotado en el
verso clásico, de rima y medida fija. Desde finales de la década de los ochenta
hasta este año en que su vida decide apagarse, el poeta no dejó de entregar a
sus lectores excelsos ejercicios de alta poesÃa, libros que se sucedÃan, uno
mejor que el anterior y cada uno con su sorpresivo encanto. Reverencial
aparece y casi al mismo tiempo que Cuartetas, dos ejemplos que pueden
ilustrar muy de cerca sus capacidades como poeta de registro variado. En
adelante Descampado y Papeles para un adiós terminan por
confirmar el alcance de sus hallazgos, pero mucho de lo que fue capaz de dar
todavÃa permanece inédito, marcado con apretada letra de alucinado, cuadernos
en los que probó sus habilidades con el soneto, el zéjel, la copla, el haikú,
las "rubayiats" que con tanto ardor fue construyendo... Todo eso espera por
salir.
Con lo que nos deja el poeta, la vida parece querer
comenzar de nuevo.
|