No se sabe si su magia proviene de su sonrisa, o quizás de esa voz grave, pero sedosa, con la que entona cada tema. Podría ser también el embeleso que causan sus ojos cerrados mientras está cantando, o ese acento colombiano que la internacionalización no le ha podido quitar. Probablemente la culpable del magnetismo haya sido la sencillez que irradia su figura, su vestuario, sus palabras y su propia personalidad. Lo cierto es que las razones son menos importantes de lo que hizo la noche del domingo este artista colombiano: Juanes enamoró al Poliedro.
Puntualmente, como rara vez comienza un espectáculo en la ciudad, se inició el segundo concierto en el Poliedro del cantautor en su gira La Vida, con una público que apenas pudo llenar la mitad del lugar que la noche anterior había estado abarrotado. A esta presentación le precedió el corto recital de Winda, intérprete venezolana que suena con poca fuerza en las radios y que ofreció cinco de los temas de su producción Huellas.
A las 7:10 pm se apagaron las luces y se empezaron a escuchar las primeras notas de A Dios le pido. Juanes ascendió a la escena desde la parte central derecha del escenario, todo de negro y con su guitarra a cuestas, compañera que le ayudo a seducir con su voz y con esa mezcla de pop, rock y cumbia que caracteriza a su música, a los fans que no se cansaron de corear sus canciones.
Su rostro encendió las tres pantallas gigantes del escenario, en las que sobresalía esa mirada profunda cercada por sus gruesas cejas. Sin apuros, relajado, cantó a ratos con el público La Paga, el segundo tema de la noche. Le siguió Mala gente, que lo llevó por primera vez hacia la isla central de la tarima y luego Clase de amor, de su más reciente producción La Vida es un ratico.
Los clásicos volvieron con La noche, que animó al público con un juego de luces intermitentes. Tras esta canción, Juanes hizo la primera pausa formal para saludar a un público que ya estaba en su bolsillo."¡Buenas noches, Caracas! Es una maravilla, es un gran honor estar con ustedes. Esta es la segunda noche aquí, gracias por estar aquí", dijo el artista con una cortina de gritos femeninos.
Ámame continuó el recital y luego fue el turno para No creo en el jamás, bajo una intensa iluminación azul. Por primera vez, el sol con siete puntas que servía de pared de fondo al escenario se encendió en todo su esplendor.
"Ya nos habíamos visto en fotografías, en cámaras o por youtube", dijo el colombiano que el día anterior se había declarado adicto a la red de videos amateaurs. "Nada como estar cara a cara, muchachos. Esto es una maravilla". El comentario fue el preámbulo de Fotografía, canción que lo llevó a los tres extremos de la tarima en los que empezó a interactuar con el público.
"Somos vecinos, hablamos la misma lengua, ¿Sí o qué?", afirmó mientras explicaba cómo se diferenciaba el vocabulario en cada región de habla hispana. La aclaratoria le sirvió para asegurar: "esta noche ustedes están cantando de pinga".
Volverte a ver continuó el recorrido por la discografía del solista, que ya había prometido que tendría un concierto que se pasearía por sus hits. Gotas de agua dulce levantó a más de medio Poliedro de sus sillas. El momento fue aprovechado por el artista para enviar su primer mensaje de unidad. "Hay que ratificar lo que somos: hermanos. Tenemos que estar unidos, muchachos, para asegurar el futuro de nuestros hijos (...) Esta canción es por Venezuela, Colombia y Ecuador", agregó para entonar el himno del Concierto Paz sin Fronteras que organizó en marzo pasado: Bandera de manos.
Los timbales marcaron el compás perfecto para Báilala. Las palmas se mantuvieron arriba mientras se escuchaba el repique de los tambores y los músicos de la banda hacían gala de su extraordinaria percusión. Para tu amor fue la canción que escogió Juanes para tomarse unos minutos y acercarse más a su público, bajándose de la tarima. Al subir de nuevo, se quedó un rato sentado en la isla, mientras pronunciaba la última estrofa. Recordó después los inicios de su carrera, cuando recorrió Colombia en autobús, y a Caracas como la primera ciudad en el extrajero que lo acogió en un Festival de Nuevas Bandas. Los agradecimientos por el apoyo y el cariño a sus fanáticos no se hicieron esperar.
Me enamora, Hoy me voy y Es por ti siguieron el espectáculo que cerró, en su falso final, con La camisa negra, el momento de mayor éxtasis del Poliedro. Luego de retirarse de la tarima por cinco minutos, las ovaciones le hicieron regresar. Esta vez cantó Difícil, con un escenario que simulaba cubrirse de nieve, y una nueva franela negra con dos palomas estampadas.
Tres y una aplaudida versión pop rock del clásico de la salsa brava No le pegue a la negra, levantaron otra vez al público. Tras tanto embelezo, llegó el momento de la despedida definitiva, a las 8:40 pm, con Nada. Pero ya era tarde, la audiencia se había rendido a los pies de Juanes, mientras él se marchaba junto a su banda por el mismo lugar en donde empezó a cautivarla.